Restablecer la Gran Colombia es un planteamiento más simbólico y político que práctico. La Gran Colombia (1819-1831) de Bolívar incluyó los actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá. El Virreinato de la Nueva Granada, en su máxima extensión, abarcó además territorios de Guyana, Brasil, Perú y Costa Rica, siendo una entidad colonial, no una república soberana.

Hoy incluiría a Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá. Sin embargo, es inviable: cada nación tiene 200 años de soberanía, instituciones propias, tratados internacionales y ordenamientos jurídicos distintos. Violaría principios fundamentales de soberanía nacional, no intervención y autodeterminación consagrados en el derecho internacional.

Económicamente, una unión de ese tipo implicaría una integración profunda, con moneda, políticas fiscales y comerciales comunes, algo extremadamente complejo dado el diferencial económico, las crisis internas (especialmente en Venezuela) y los modelos políticos divergentes.

Los riesgos son enormes: desestabilización regional, conflicto diplomático, tensiones internas por asimetrías y posible injerencia. Los beneficios teóricos (mayor peso geopolítico, mercado integrado) son superados por las realidades prácticas.

Hacer esta aseveración públicamente, sin consulta previa, es irresponsable.

Menoscaba la diplomacia, genera tensiones innecesarias y trivializa la complejidad histórica y jurídica de las relaciones internacionales. La integración debe construirse con soberanía, consenso y respeto, no con trinos que evocan nostalgias imperiales o coloniales.

En vez de hablar de la Gran Colombia ahora mismo urge demandar la liberación de todos los presos políticos en Venezuela, mientras en Colombia prioridades como la corrupción, la inseguridad y la crisis de la salud requieren soluciones URGENTES

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